Una mañana: mate y pisadas

Posted by Florencia Bacelo



Para comprobar empíricamente que la sociedad uruguaya es, en su mayoría conservadora, las plazas son el mejor rincón del país para verificarlo.

Son las ocho y media y el fresco de la mañana se siente en los transeúntes que atraviesan la Plaza de los 33 orientales, más conocida como “Plaza de los Bomberos” por ubicarse en frente al

Cuartel general de bomberos . Algunos todavía están dispuestos a evitar el saco o la campera; otros, la mayoría del sexo femenino, ya llevan puesto ropa de abrigo.
Las personas que se cruzan no miran más que su camino a seguir. Cada uno en su mundo, dispuestos a dar pasos lo más rápido que puedan para llegar a destino.

Entre humo de tabaco que se disipa en el aire otoñal aparecen tres ancianos sentados en uno de los bancos verde petróleo que dan sobre 18 de Julio. Dos de ellos son las chimeneas humanas, el otro el encargado de cebar.

Además del ruido feroz de los ómnibus, se escucha una radio. Otros ancianos conversan. Es imposible entender alguna palabra. Los comentarios de uno de ellos saltan de entre el bigote canoso cortado a la perfección. Su compañero, con campera de cuero negra y lentes oscuros, le pasa el mate cada tanto.

Por toda la plaza, las palomas buscan su pan “del desayuno” y por fin, en un rincón del lugar encuentran migas que sacien su apetito vespertino. Entre bolsas, plásticos y polvo, numerosas hojas matizan el suelo con su marrón seco. En algunas todavía se asoma el verde que un día tiñó todo su ser.

Una joven vestida de naranja con un gorro amarillo resalta entre la rama de los grandes árboles que bordean la plaza. La montaña de hojas que arma con su rastrillo oxidado va creciendo poco a poco y ella se aleja cada vez más de su montículo crujiente para ir por más hojas. Parece que baila el vals con su rastrillo al desplazarse.

En el medio de la plaza, una fuente del mismo color de los bancos (verde petróleo) deja caer sobre uno de sus costados unos chorros finos y discretos. El agua de la superficie está verde y parece cumplir la función de “basurero acuático”. La modernidad lo invade: picos de botellas, cajas de cigarros, huesos, revistas, botellas de plástico decoran el agua. Los mosquitos merodean el lugar, quieren adueñarse y lo logran.

Seis mantas azules, amarillas, blancas, bordó y estampadas esconden cuerpos inmóviles dando un aspecto frío y cruel de la realidad montevideana.


Son las 8:45 y el sol ilumina cuarta parte de la plaza. Un hombre de pelo largo prende una cortadora de césped y un ruido a motor “fatigado” se entremezcla con el sonido de la ciudad. Yo me pregunto cómo hará para cortar el pasto entre tanta basura desparramada por el predio.

Florencia Bacelo

1 comentarios:

  1. Juan Pablo De Marco

    Utiliza mucho los distintos sentidos. También es abarcativa en cuanto a la cantidad de gente que observa, sin importar el estrato social. Busca que todo le llame la atención y lo hace con gran claridad.

Publicar un comentario