Un recuerdo gracioso

Posted by Florencia Bacelo


Confusión domiciliaria

Ariel de 23 años se considera un fanático del skate. Por esa admiración hacia los grandes skaters, una mañana hace cinco años, golpeó la puerta de un amigo que le había prometido prestarle unos vídeos de skate americano, los cuales eran difíciles de conseguir en ese entonces.

Tras golpear tres, cuatro, cinco veces, decidió llamar al joven para comunicarle que estaba afuera de su casa. Éste le dijo que entrara tranquilo que él ya bajaba del segundo piso de su casa a recibirlo.

Ariel entró confiado pero de inmediato notó que los murales de fotos que había por todo el living eran de otro chico, de aspecto físico totalmente diferente a su amigo. Sin pensarlo, abandonó la casa. Bajó las escaleras de la entrada tropezándose. Y entre la inquietud de los nervios alguna que otra risa dejó salir.

Al llegar a su casa, le contó a su madre, quien enseguida se preocupó por las consecuencias que pudo haber tenido de haberse encontrado con alguien dentro de la casa. Ariel llamó a su amigo para verificar, aunque de manera tardía, la dirección. El joven, que no paraba de reír, le aclaró que su casa, que formaba parte de un conjunto de viviendas similares que se dividían en sectores distintos, quedaba sobre el sector B. Ariel entonces recordó que del lado derecho del número de puerta había una “A” en mayúsculo que resaltaba. No podía creer tal confusión y los riesgos que corrió sin saberlo. Al darse cuenta, no podía parar de reírse, pues nada malo le había pasado y el tan sólo recordar su rostro viendo las fotos de la casa sólo quedaba entregarse al desconcierto que sintió en ese momento y sonreír.

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